1 de setembre de 2009

LOS DESCUENTOS NO HAN TERMINADO

Hoy es 1 de setiembre. Como la mayoría de artículos sobre crecimiento personal están dedicados al ya famoso y odiado síndrome postvacacional, me gustaría hablar de otro tema más interesante. Ayer terminaron las rebajas de verano. Los descuentos, las segundas rebajas, las promociones y los saldos no volverán a aparecer hasta después de las vacaciones de Navidad. De todos modos, existen otro tipo de descuentos que aparecen a lo largo de todo el año. Según el Análisis Transaccional, un descuento es un hecho donde se ignora insconscientemente información relevante para la solución de un problema. Una persona se puede descontar a sí misma, los demás y la situación. No hacer nada ante una situación que precisa de ti, sobreadaptarse, incapacitar la propia habilidad para solucionar un problema o reírse de algo grave son formas de expresar los descuentos. A continuación, te voy a exponer cuatro ejemplos de descuentos de las vacaciones de este verano de Arturo en Londres con su pareja Marta para poder entender mejor este concepto tan interesante.

Arturo llega a la T1 del aeropuerto de El Prat y empieza a hacer cola para facturar la maleta. Observa que su cola no avanza comparándola con las demás colas de la misma compañía. Le dice a Marta: “¡Qué desastre de tío el que está facturando el equipaje!”. En ese momento, Marta se da cuenta que ha habido un problema con unos pasajeros que han llegado tarde y su vuelo ya está cerrado y no le dice nada. El descuento de Arturo va dirigido a otra persona sin observar qué está pasando realmente en la situación. Por otra parte, Marta descuenta la capacidad de reconocer un error por parte de Arturo y, por este motivo, permanece en silencio.

Cuando llegan al hotel, Arturo se da cuenta que los del hotel se han equivocado porque la habitación que les están ofreciendo tiene dos camas en lugar de la cama de matrimonio que habían reservado por Internet; pero, no le importa dormir en dos camas e, incluso, dice: “Esto puede servir para cambiar la rutina”. A pesar de reconocer la existencia del estímulo, el descuento está relacionado con que el estímulo represente un problema porque, en estos momentos, la pareja necesita intimidad sexual.

Arturo está haciendo cola para entrar en la exposición de Rubens en la Nacional Gallery de Londres. En la taquilla, observa que hay un descuento en el precio de la entrada como estudiante que podría pedir. De todos modos, no se ve capaz de pedir el descuento porque no se siente cómodo hablando inglés y le pide a Marta que le entregue su carné de estudiante. Marta acepta la propuesta de Arturo. Este descuento es hacia sí mismo a través de la “No soy capaz de hablar en inglés lo suficientemente bien como para pedir un descuento”. Un buen modo de buscar más opciones podría haber sido preguntar a Marta cómo se pide el descuento del carné de estudiante en inglés.

Al salir del museo, Arturo descubre una tienda de cookies y no puede evitar la tentación de comprarse un par de galletas para merendar. Entra en la tienda y señala con el dedo lo que quiere a la dependienta y, después de haber pagado, se da cuenta que le han devuelto mal el cambio de las liras. “¡Qué follón con esto del cambio de moneda… no entiendo por qué estos ingleses no se han cambiado al euro… no hay quién se aclare… jejeje…!”, le dice riendo a Marta mientras se está comiendo una cookie. El descuento que encontramos en este ejemplo está relacionado con la incongruencia entre la risa de Arturo y el error de la dependienta que no ha visto. También se le conoce como la risa de la horca porque Arturo se ríe mientras está contando un error. Además, como Marta se ha reído, esto significa que ha aceptado la invitación no verbal reforzando el mando de guión de “no lo hagas”.

Espero que este artículo te permita reflexionar y, sobretodo, darte cuenta del tipo de descuentos que utilizas en tu vida diaria: uno/a mismo/a, los demás y/o la situación. Feliz regreso al mes de setiembre!

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