21 de gener de 2010

ECONOMIA DE CARICIAS

Juan cree que no hace falta que le diga a su pareja TE QUIERO porque ya lo sabe. María le ha gustado mucho como su profesora de historia ha explicado el módulo sobre la Primera Guerra Mundial; pero, no le quiere decir porque no crea que le hace la pelota por subirle la nota. Jenny le ha dicho a su mejor amiga que es muy generosa y le ha contestado que se debe graduar la vista porque no ve demasiado bien. Víctor ha acabado la presentación de su proyecto y, como nadie le ha dado su opinión, no la quiere pedir porque considera que debería salir de ellos. Pese a estas situaciones son inventadas, están basadas en situaciones que pasan cada día.

Este tipo de situaciones ponen de manifiesto la escasez de caricias que las personas dan y reciben en sus relaciones interpersonales. ¿Por qué se da esta situación? Según Claude Steiner (1971), existen una serie de normas irracionales y prejuicios que impiden un libre intercambio de estímulos sociales constructivos que obliga a las personas a buscarlas de manera forzada, artificial y complicada. Pese a esto, estas normas son aceptadas por la mayoría de las culturas, grupos y organizaciones provocando daños que van desde la simple insatisfacción hasta infelicidad, depresiones, adiciones, alcoholismo, obesidad, trastornos psicosomáticos, etc. Esta serie de normas se agrupan con el nombre de leyes de economía de caricias.

¿Por qué existe esta economía de caricias? Steiner cree que los padres utilizan estas leyes como una forma de mantener controlados a sus hijos/se. Al enseñar que el suministro de caricias es bajo, los padres ganan la posición de monopolio. A sabiendas de que las caricias son esenciales, el niño aprende pronto a conseguirlas actuando de la manera que la madre o el padre lo pida.

La normativa de la economía de caricias es la siguiente:
1) No dar caricias cuando tienes por dar
2) No pedirlas cuando las necesitas
3) No aceptarlas aunque las necesites
4) No rechazarlas cuando no las quieras
5) No darse autocarícies

¿Qué podemos hacer ante esta economía de caricias? Debemos tener presente que podemos dar una caricia siempre que queramos. No importa cuántas sean puesto que no se acaban nunca. Cuando queramos una caricia, podemos pedirla libremente y podemos cogerla cuando nos la ofrezcan. Si no nos gusta la caricia que nos han ofrecido, podemos rechazarla abiertamente. Y podemos disfrutar de la posibilidad de darnos caricias a nosotros mismos. Una propuesta: si te apetece regalar 395 abrazos superfuertes, 1.039 caricias o 1.000.000 de mimos, puedes acercarte al Programa Cuidamos del Hospital Sant Joan de Dios por repartir kilos de felicidad. Me quedo con el lema de la entidad "llegué al mundo sin nada. Me iré del mundo sin nada, excepto amor".

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Daniel Borrell


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