4 de setembre de 2009

LOS GUIJARROS Y LA MANTEQUILLA

Un día llegó un joven al Buda llorando desconsoladamente, no podía parar. El Buda le preguntó:
- ¿Qué es lo que anda mal muchacho?-Señor, ayer murió mi anciano padre.
-Bién, !qué le vamos a hacer! Si ha muerto, el llanto no le devolverá a la vida.
- Sí señor, esto lo entiendo. El llanto no resucitará a mi padre. Vengo hasta ti con una petición especial: por favor, !haga algo por mi difunto padre!.
- ¿Eh? ¿Qué puede yo hacer por tu padre? - le preguntó Buda.
- Señor, por favor, haga algo, seguro que puede, ya que es usted una persona muy poderosa. Todos esos sacerdotes perdonadores realizan toda clase de ritos y ceremonias para ayudar a los muertos, y, en cuanto el ritual se cumple aquí, la puerta del reino de los cielos se abre y se le da entrada, el muerto, consigue un pase. Señor, ¡usted es tan poderoso!. Si celebra un rito por mi padre muerto, no sólo recibiera un pase, obtendrá la carta verde. Por favor, señor, ¡haga algo por él!.
El pobre hombre estaba tan acongojonado que no hubiera podido entender un argumento racional; el Buda tenía que utilizar otro método para hacerle comprender. Así que dijo:
- Muy bien. Ve al mercado y compra dos pucheros de barro.
El Joven se sintió enormemente feliz, pensando que el Buda había accedido a organizar una ceremonia para su padre. Corrió al mercado y volvió con dos pucheros.
- Muy bien - dijo el Buda -, llena un puchero con mantequilla.
El muchacho lo hizo. Llena otro con guijarro. Lo hizo.
- Ahora ponle la tapadera y ciérralos herméticamente.
- Ahora - dijo el Buda - coge un palo grueso y golpea los pucheros hasta que se rompan.
El joven estaba exultante, pensando que el Buda estaba realizando una ceremonia maravillosa por su padre. Según una antigua costumbre india, cuando un hombre muere su hijo lleva su cadáver al crematorio, lo pone sobre la pira funeraria y lo quema. Cuando el cuerpo está medio quemado, el hijo coge un palo grueso y abre el craneo con un golpe. Según la vieja creencia, tan pronto como el craneo se abre en este mundo, la puerta del reino de los cielos se abre allá arriba. El muchacho pensó para sí mismo: el cuerpo de mi padre fue reducido a cenizas ayer.
El Buda quiere que rompa estos pucheros como un símbolo. Estaba encantado con el ritual. Cogiendo un palo, tal y como le había dicho el Buda, el chico golpeó con fuerza y rompió ambos pucheros. De inmediato, la mantequilla contenida en uno de los cacharros subió y se quedó flotando en la superfície del agua. Los guijarros del otro se esparcieron y se quedaron en el fondo. Entonces dijo el Buda:
- Bien, muchacho. Yo he hecho todo esto. Ahora llama a tus sacerdotes y milagreros y pideles que canten y recen: ¡¡ Oh, guijarros!! ¡¡subid, subid!! ¡¡ Oh, mantequilla, hundete, hundete !!. Veamos lo que sucede.
- Señor, estás bromeando. ¿Qué podría suceder?. Los guijarros son más pesados que el agua y por fuerza tienen que quedarse en el fondo. No pueden subir, señor, es la ley de la naturaleza. La mantequilla es más ligera que el agua, por fuerza tiene que quedarse en la superficie, no puede hundirse, señor. Esa el la ley de la naturaleza.
- Muchacho, sabes mucho de la ley de la naturaleza, pero no has comprendido esta ley natural: si las acciones que tu padre realizó durante toda su vida fueron pesadas como guijarros forzosamente habrá bajado. ¿Quién puede subirlo? Y si todas sus acciones fueron ligeras como esta mantequilla, forzosamente habrá subido. ¿Quién puede hundirlo? Cuanto antes comprendamos la ley de la naturaleza y empezamos a vivir conforme a ella, antes saldremos de nuestra desdicha.

Este es otro de los cuentos sobre la figura de Buda que he escuchado este mes de agosto durante el curso de meditación Vipassana. Este texto extraído del Sutta nos permite reflexionar sobre cuál es la potencia del ser humano alejándola de la omnipotencia y de la impotencia que, en muchas ocasiones, se convierte en protagonista de una vida. Me puedo con las dos preguntas que le formula Buda al joven: ¿Quén puede subirlo? ¿Quién puede hundirlo? ... Acaso, ¿puedes tú hacerlo por mí?

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2 comentaris:

Laura Berodas ha dit...
L'autor ha eliminat aquest comentari.
Laura Berodas ha dit...

Nuestro objetivo en la vida, debería ser, conseguir el mayor número de guijarros posibles,no solo para nosotros mismos, sino también, para todas aquellas personas que pasaron por nuestra vida, con el fin de permanecer para siempre de forma etérea y aliviar en cierta manera el sufrimiento de nuestros seres queridos.

Seguiré luchando para conseguir guijarros...
Gracias por tus cuentos, Dani!!!
Un abrazo!